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Los territorios indómitos de Orlando Vallejo como expresión del paisaje desplazado

En este ensayo, la artista multidisciplinaria Brenda Cruz reflexiona sobre la más reciente exposición de Vallejo, que se llevó a cabo entre agosto y octubre de 2025 en El Depósito en Caguas


(Foto suministrada por el artista)
(Foto suministrada por el artista)


“Landscapes are not only what we see, 

but what we remember, what we imagine, 

and what we have lost.” 

Rebecca Solnit 



El paisaje no solo es un espacio físico, sino un territorio cargado de memoria, experiencia y transformación. En la obra de Orlando Vallejo (San Juan, Puerto Rico, 1955), el territorio no se presenta únicamente como un espacio visible o geográficamente delimitado, sino como un ente mutable, atravesado por la acción humana, por la construcción desmedida y por los efectos de la crisis climática. La pintura se convierte así en un medio para registrar, reinterpretar y cuestionar el paisaje contemporáneo, mostrando tanto su fragilidad como las marcas que la intervención humana ha dejado en él.


La transformación acelerada del territorio constituye uno de los ejes del pensamiento crítico contemporáneo. El paisaje, históricamente asociado a la contemplación estética y a la idea de naturaleza como un escenario aparentemente inalterado, ha sido progresivamente redefinido por la expansión urbana, la explotación del medioambiente y los efectos visibles de la crisis climática. Bajo la lógica del progreso, amplias extensiones de paisaje han sido intervenidas, fragmentadas o desplazadas para dar paso a infraestructuras, centros urbanos y proyectos extractivos que responden más a una economía de crecimiento que a una ética del habitar. Este proceso ha transformado el territorio en un recurso disponible, anulando su dimensión simbólica, ecológica y cultural.


Siguiendo a Heidegger, en Construir, habitar, pensar (1951; Barcelona: Ediciones del Serbal, 1994), habitar no implica simplemente ocupar o transformar el territorio, sino asumir una relación de cuidado y preservación con aquello que hace posible la vida. Desde esta perspectiva, los paisajes intervenidos que aparecen en la obra de Orlando Vallejo evidencian una ruptura ética en nuestra manera de habitar el mundo.


En este contexto, el arte contemporáneo ha asumido un papel clave como espacio de reflexión sobre las formas en que el ser humano habita, interviene y desplaza el entorno natural. La pintura de Vallejo se inscribe en esta problemática, abordando el paisaje como un espacio atravesado por tensiones históricas, medioambientales y subjetivas. 


La obra reunida en la exposición Territorios indómitos abarca distintas series de su producción pictórica, a partir de 2013, en las cuales el artista ha desarrollado una mirada crítica sobre el territorio puertorriqueño, particularmente el del este y el interior de la isla. 


En esta panorámica de su obra, se refleja un paisaje que cambia constantemente: sometido a desastres naturales, desplazamientos humanos, mala planificación y desarrollos urbanos acelerados, donde lo natural y lo construido conviven, a menudo en conflicto. Al comprender el paisaje contemporáneo como resultado de procesos de desarrollo que conllevan violencia y exclusión, en la pintura de Vallejo, el territorio puede leerse como una expresión que evidencia las consecuencias del desarrollo sobre el entorno natural. Cada obra registra, de manera sensible, las huellas de una transformación que no es neutral ni inevitable, sino producto de decisiones políticas, económicas y sociales que han reconfigurado el paisaje.


La exposición, curada por Abdiel Segarra Ríos y coordinada por Javier Orfón en El Depósito, en Caguas, entre agosto y octubre de 2025, sitúa la obra de Vallejo en un contexto geográfico específico. El municipio de Caguas, donde el artista ha desarrollado gran parte de su producción, funciona no solo como escenario físico, sino como territorio vivido y observado a lo largo del tiempo. Esta relación directa con el entorno refuerza el carácter situado de su práctica pictórica y subraya la dimensión experiencial del paisaje representado.


Un rasgo definitorio de la obra de Orlando Vallejo es su manejo del lenguaje abstracto expresionista, donde la pintura se convierte en un vehículo de intensidad emocional y de reflexión crítica sobre el territorio. En su trabajo, la abstracción no es un ejercicio formal desvinculado del contenido; al contrario, funciona como un correlato visual de la complejidad y el caos que atraviesan los paisajes contemporáneos” - Brenda Cruz


Vallejo no se aproxima al paisaje desde una mirada pasiva o contemplativa. Su pintura se construye a partir de una relación activa con el territorio. En este sentido, su obra se distancia de la tradición paisajística clásica occidental y se inscribe en una reflexión contemporánea sobre la crisis del habitar. El paisaje deja de ser un fondo estable para convertirse en un campo de tensiones donde confluyen memoria, pérdida y transformación. Lejos de la visión romántica o contemplativa de la naturaleza, el artista propone un enfoque crítico que revela los conflictos y contradicciones del territorio contemporáneo, haciendo visible tanto su vulnerabilidad como su complejidad simbólica.


Berger, en Ways of seeing (Londres: Penguin Books, 1972), sostiene que el paisaje se transforma cuando el ser humano lo concibe como algo que puede poseer. Esta idea resulta fundamental para comprender la lógica que subyace a los paisajes de Vallejo durante este periodo. La apropiación del territorio, impulsada por modelos de desarrollo extractivos y expansivos, conduce a una transformación radical del entorno. Las pinturas del artista revelan las consecuencias de esta apropiación: un paisaje fragmentado, intervenido y despojado de su continuidad.


La crisis climática aparece en estas obras no como un concepto abstracto, sino como una realidad inscrita en la materialidad pictórica. La violencia del trazo, la intensidad del color y la fragmentación compositiva pueden leerse como manifestaciones visuales de un territorio en crisis. El paisaje ya no es un espacio de estabilidad, sino un escenario de tensiones donde confluyen lo natural y lo artificial, lo orgánico y lo construido.


Formalmente, el artista transita por abstracciones expresionistas gestuales cargadas de movimiento y caos. En muchas de sus pinturas, el color se intensifica hasta volverse estridente, mientras los trazos negros delimitan, fragmentan y tensan la superficie pictórica. Esta gestualidad no es meramente estética, sino que responde a un paisaje alterado, inestable, donde la acumulación de capas y líneas sugiere la superposición de tiempos e intervenciones, y funciona como una traducción visual de la inestabilidad del territorio representado.


Las obras realizadas entre 2013 y 2018 constituyen un momento clave dentro de esta trayectoria. Pinturas como Barullo y Causa ignorada de un efecto presentan paisajes urbanos abstractos marcados por el caos, la fragmentación y la saturación visual. Los trazos son violentos, las formas se superponen y los colores brillantes, delineados por negro, generan una sensación de desorden y tensión constante. El espacio pictórico aparece desbordado, sin jerarquías claras, evocando un territorio sometido a una presión continua. El espectador se enfrenta a un territorio que parece colapsar bajo el peso de sus propias transformaciones, un espacio donde la naturaleza, la construcción humana y el tiempo se superponen y compiten por ocupar la superficie pictórica.


Orlando Vallejo, Barullo (2013) Óleo sobre lienzo, 48”x48”. (Foto suministrada por Brenda Cruz)
Orlando Vallejo, Barullo (2013). Óleo sobre lienzo, 48”x 48”. (Foto suministrada por Brenda Cruz)

En estas obras, el paisaje se vuelve difícil de reconocer, reflejando la complejidad de los entornos urbanos contemporáneos. La abstracción no implica una negación de la realidad, sino una intensificación de sus efectos. El caos formal se corresponde con un territorio alterado por el crecimiento descontrolado, la pérdida de espacios naturales y la superposición de infraestructuras. El paisaje se presenta como un espacio en conflicto, donde las huellas de la intervención humana se acumulan sin posibilidad de equilibrio.


Orlando Vallejo, Causa ignorada de un efecto (2014-2017). Óleo sobre lienzo, 72”x48”. (Foto suministrada por Brenda Cruz)
Orlando Vallejo, Causa ignorada de un efecto (2014-2017). Óleo sobre lienzo, 72"x 48”. (Foto suministrada por Brenda Cruz)

La gestualidad expresionista y el lenguaje abstracto en Vallejo


Un rasgo definitorio de la obra de Orlando Vallejo es su manejo del lenguaje abstracto expresionista, donde la pintura se convierte en un vehículo de intensidad emocional y de reflexión crítica sobre el territorio. En su trabajo, la abstracción no es un ejercicio formal desvinculado del contenido; al contrario, funciona como un correlato visual de la complejidad y el caos que atraviesan los paisajes contemporáneos. La fragmentación formal, la superposición de planos y la aplicación intensa del color construyen un espacio pictórico cargado de tensión, donde la abstracción, en determinados momentos, establece vínculos reconocibles con la realidad. Desde esta perspectiva, Federica Palomero, curadora de la exposición de Vallejo en el Museo y Centro de Estudios Humanísticos de la Universidad del Turabo, señala en Orlando Vallejo: En la naturaleza de la pintura. Antología 1998-2014 (2015): “La suya no es nunca una abstracción a priori, pero tampoco responde estrictamente al esquema del proceso de partir de la naturaleza que consiste en decantarla hasta llegar a la abstracción […]". Y añade que el artista asume una posición de vanguardia "en la revalorización de lo abstracto” (p. 20).


En este sentido, en la pintura Están ahí, no se han ido, el paisaje se transforma en presencia. Los árboles, el mogote y la vegetación se convierten en figuras y rostros de campesinos que parecen emerger de la tierra misma, fusionando territorio y cuerpo. No se trata de una representación literal, sino de una fusión simbólica entre el territorio y quienes históricamente lo han habitado y trabajado. Armados con machetes y palos, estos personajes representan tanto el trabajo agrícola como la defensa del campo frente al avance del urbanismo y el desarrollo desmedido. La obra sugiere así que ese territorio conserva la memoria y la resistencia de quienes lo habitaron: siguen ahí, inscritos en el paisaje, aunque se intente borrarlos.


Orlando Vallejo, Están ahí, no se han ido (2023). Óleo sobre lienzo, 48”x48”. (Foto suministrada por Brenda Cruz) 
Orlando Vallejo, Están ahí, no se han ido (2023). Óleo sobre lienzo, 48”x 48”. (Foto suministrada por Brenda Cruz) 

La gestualidad en las pinturas de Vallejo se manifiesta en trazos y grafismos enérgicos, dinámicos, rápidos y a veces violentos. Estos gestos no solo delimitan espacios y formas, sino que también transmiten el impacto del cambio, la intervención humana y la presión ambiental sobre el territorio. La acumulación de capas pictóricas, la superposición de líneas negras y la variación en la densidad de la materia crean una sensación de profundidad y de movimiento constante, como si el paisaje estuviera en un proceso de transformación perpetua. Cada línea negra funciona a la vez como contorno, límite y tensión, estructurando la composición pero también recordando la fragmentación inherente al territorio intervenido.


El color es otro elemento central en su lenguaje abstracto. Vallejo utiliza colores estridentes y saturados para generar impacto visual y emocional, pero también para reflejar la intensidad del cambio ambiental y urbano. Los contrastes entre tonos brillantes y oscuros, combinados con líneas negras, crean un efecto de vibración y conflicto, que sugiere la coexistencia de múltiples fuerzas en el paisaje. Este uso del color no busca una imitación literal de la naturaleza, sino transmitir la energía y la violencia de los procesos de transformación que afectan al territorio.


La abstracción expresionista de Vallejo también opera a nivel compositivo. En sus obras, la estructura del espacio pictórico es flexible y dinámica; no se rige por la simetría ni por la perspectiva tradicional en las primeras series que observamos. Los elementos se disponen en tensiones que generan ritmos internos, alternando áreas densas con espacios más abiertos que simulan cielo, trazos gruesos con gestos más delicados, zonas saturadas con superficies planas. Esta organización crea una narrativa visual que guía al espectador a través de la experiencia del paisaje, transmitiendo la sensación de caos, movimiento y conflicto, pero también de orden emergente dentro de la complejidad.


Esta gestualidad no se limita a la representación de caos; también transmite el proceso subjetivo del artista frente a los territorios desplazados. Los trazos rápidos, las superposiciones y las texturas densas reflejan la respuesta emocional ante un paisaje transformado, violentado y fragmentado. En este sentido, la abstracción expresionista se convierte en un medio para articular la relación íntima entre el artista y su entorno, donde la pintura no solo registra cambios materiales, sino también estados afectivos y reflexiones sobre la fragilidad del territorio.


En contraste, las pinturas más recientes, realizadas en 2024-2025 —que pueden entenderse como un políptico o una serie— marcan un giro significativo y muestran un paisaje más referencial y reconocible. La composición se organiza, el color se modula y la gestualidad se contiene. La presencia de la línea del horizonte, tanto en el mar como en el interior, introduce una sensación de quietud y equilibrio visual. Este retorno a un paisaje más estructurado no implica una negación de las transformaciones anteriores, sino una nueva forma de relacionarse con ellas. 


Orlando Vallejo, No hay salvavidas (2025) Nubarrón (2025) Cabo Rojo (2024) Ya veo lo que viene (2025). Óleo sobre lienzo, 34”x40”. (Foto suministrada por Brenda Cruz)
Orlando Vallejo, No hay salvavidas (2025), Nubarrón (2025), Cabo Rojo (2024) y Ya veo lo que viene (2025). Óleo sobre lienzo, 34”x 40” c/u. (Foto suministrada por Brenda Cruz)

Por otro lado, nos remite a otro tipo de explotación, de extracción, de recalificación de nuestro territorio, el ligado al turismo, a los grandes centros hoteleros y a la venta de nuestras costas y playas. Esta serie de pinturas guarda relación con otra serie que Vallejo pintó en el 2016 (Fig.5), en donde el paisaje también es más realista, aunque es un paisaje no reconocible, foráneo. Aparecen árboles que por su silueta parecen pináceas no autóctonas de la isla, aunque sí aparecen los tradicionales mogotes de los que el pintor siempre hace referencia. La calma que transmiten estas obras no corresponde a un paisaje intacto, sino a uno ya intervenido y desplazado, asumido como una realidad irreversible. El estado de sosiego contrasta con el caos de etapas anteriores y estas composiciones más estructuradas y calmadas sugieren equilibrio, serenidad y reflexión. Esta transformación formal refleja un cambio en la relación del artista con el paisaje: de la confrontación y la denuncia a la contemplación crítica y la aceptación del territorio ya intervenido.


El lenguaje abstracto expresionista de Vallejo, entonces, cumple múltiples funciones: es un medio de representación del territorio en transformación, un vehículo para transmitir la intensidad emocional del artista y un espacio de reflexión crítica sobre el impacto del desarrollo y la crisis climática. La gestualidad, la materia, el color y la composición trabajan en conjunto para construir paisajes que son a la vez documentación, experiencia subjetiva y narrativa visual. Sin lugar a dudas, su obra demuestra cómo la pintura y el lenguaje abstracto expresionista pueden ser una herramienta poderosa para articular la complejidad del paisaje contemporáneo y su relación con la acción humana.


Orlando Vallejo, Pinturas realizadas en el 2016, Óleo sobre lienzo, 16”x20” c/u. (Foto suministrada por Brenda Cruz)
Fig. 5 - Orlando Vallejo, Pinturas realizadas en el 2016, Óleo sobre lienzo, 16”x 20” c/u. (Foto suministrada por Brenda Cruz)

La evolución de la obra de Orlando Vallejo, desde el caos expresionista hasta la serenidad contenida de sus trabajos más recientes, puede leerse como un recorrido emocional y conceptual frente a la transformación del territorio. Cada etapa refleja no solo un cambio en el paisaje representado, sino también una transformación en la relación del artista con su entorno. La pintura de Vallejo no solo representa el entorno, sino que interroga las condiciones que han producido su transformación. El paisaje se convierte así en un espejo del estado del artista, pero también en un reflejo de las condiciones históricas y medioambientales que lo atraviesan.


De acuerdo con Segarra, en Territorios indómitos. Orlando Vallejo [Catálogo de exposición] (Caguas: El Depósito, 2025), “la obra de Vallejo, hoy por hoy, es un referente necesario a la hora de pensar la construcción de un canon pictórico del este y del interior de Puerto Rico. Su obra demuestra la mirada crítica que los artistas puertorriqueños y caribeños han dirigido a los modelos que insisten de separarnos de la naturaleza.” De este modo, el paisaje puede entenderse como un espacio de contemplación crítica. El territorio aparece como algo ajeno, transformado por procesos que exceden al individuo, pero que continúan afectando su experiencia del entorno. Esta aceptación no es pasiva, sino reflexiva, y propone una nueva forma de habitar el paisaje desde la conciencia de su fragilidad.


Desde esta perspectiva, Territorios indómitos articula una reflexión profunda sobre el paisaje contemporáneo, en la que la pintura se configura como un espacio de memoria, crítica y resistencia. La obra de Orlando Vallejo evidencia que el territorio no solo se transforma físicamente, sino también en los planos emocional y simbólico, y que el arte puede operar como un medio para pensar, desde la experiencia, las consecuencias del desarrollo, el desplazamiento y la crisis climática, abriendo un espacio de reflexión crítica sobre nuestra manera de habitar el mundo.



Brenda Cruz: Artista multidisciplinaria, historiadora e investigadora radicada en Madrid, España. Posee un doctorado en pintura de la Universidad Complutense de Madrid y un bachillerato en Artes de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras. En su trabajo explora las identidades desde la individual, social, cultural o de género, así como la reflexión y el cuestionamiento de la construcción de los discursos coloniales y sus

relaciones de poder para desarticular las estructuras del colonialismo desde una perspectiva decolonial, valiéndose de la revisión de fuentes históricas y bibliográficas, de las tradiciones, como de su experiencia en el exilio. Ha realizado exposiciones individuales en España, Marruecos y Puerto Rico y ha participado en innumerables muestras colectivas, en instituciones y museos de Puerto Rico, así como en España, Brasil, Estados Unidos, Macedonia, Hungría, Marruecos, Polonia, Egipto, Yugoslavia, Bulgaria, Malasia y México. Ha publicado, ha sido artista residente y conferenciante en diversas instituciones y congresos en España y Puerto Rico.

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