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Geometría mística según el artista Elí Barreto

Reseña de Geometría mística: exposición panorámica 1975-2025, por Jorge Rodríguez Acevedo


Vista amplia de la exposición Geometría Mística: exposición panorámica 1975-2025 de Elí Barreto. (Foto suministrada por Jorge Rodríguez Acevedo)
Vista amplia de la exposición Geometría mística: exposición panorámica 1975-2025 de Elí Barreto. (Foto suministrada por Jorge Rodríguez Acevedo)

Sabemos muy poco sobre Pitágoras. El filósofo, nacido en Samos (una antigua colonia griega que hoy sitúa alrededor de Turquía), no dejó libros. No sabemos sobre su niñez. No discernimos entre el mito de su vida y la realidad. Su pensar daba a los números, a la geometría, un matiz sagrado, místico. Una verdad a la que, quizás, aludimos desde los principios de la humanidad: plasmando círculos, espirales, líneas, formas en el barro y en la piedra. Un sistema de símbolos que dialoga entre civilizaciones, revelando patrones en el todo que Elí Barreto logra ver.

La exposición Geometría mística: exposición panorámica 1975-2025, curada por Juan Carlos García y Alex Betancourt, reúne cincuenta años de labor artística por parte de Elí Barreto Talavera. La muestra se inauguró el 27 de septiembre de 2025 y estará hasta el 25 de enero de 2026 en el Museo de Las Américas, en el Viejo San Juan. Al entrar a la sala de exposición, a la derecha Oni Oni se erige como un altar, un rito de incantación en el que los siete campos de color corresponden a las Siete Potencias. En ella vemos una síntesis, un microcosmo de la composición y obra del artista. Los colores primarios, trabajados en cuadrados que se sobreponen, generan diferentes tonalidades entre la transparencia de la capa de acrílico. La repetición, como ritmo, se traduce como un trance, una búsqueda a través de la geometría. A su lado, Primarios (1981-1982), un políptico en 16 partes, remite al movimiento del zootropo, ese antiguo instrumento giratorio que utilizaba imágenes consecutivas para crear la ilusión de movimiento cuando se observaban a través de una rendija o un lente.


Elí Barreto, Primarios (1981-1982), acrílico sobre lienzo (políptico #3). (Foto suministrada por Jorge Rodríguez Acevedo)
Elí Barreto, Primarios (1981-1982), acrílico sobre lienzo (políptico #3). (Foto suministrada por Jorge Rodríguez Acevedo)

“Al entrar a la sala de exposición, a la derecha Oni Oni se erige como un altar, un rito de incantación en el que los siete campos de color corresponden a las Siete Potencias. En ella vemos una síntesis, un microcosmo de la composición y obra del artista”. - Jorge Rodríguez Acevedo


Elí Barreto, Oni Oni, (1980-1981). (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)      
Elí Barreto, Oni Oni, (1980-1981). (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)      

Pero el universo tiene ritmo, una repetición cíclica en la que recae una de las grandes contribuciones atribuidas a Pitágoras: las escalas musicales, propuestas a través de la división del monocordio. Es decir, si imaginamos un instrumento de una sola cuerda tensa y la tocamos al aire, su vibración nos dará una nota. Pero si posamos un dedo, digamos, en el medio y volvemos a tocarla, habrá un intervalo y sonará más aguda, cambiando su sonido según dividamos el espacio. Y esta división armónica, a manera de clave sonora, establece un patrón, un ritmo comprensivo, al igual que Barreto Talavera en sus Paisajes en movimiento. Estos surgen a modo de capturar los segmentos de la mirada desde el interior de un auto, a raíz de viajes por la isla. El paisaje, en movimiento, también tiene una relación armónica. Paisaje en movimiento de camino a Salinas (2000-2003) está compuesto por dieciséis instancias de la vista, una división del paisaje para capturar su movimiento. El color oscila, cambia de lugar de manera leve, como si el auto tomara una curva, o si el mar recogiera una ola que, hace un momento, habíamos visto levantarse. No impone un patrón, pero lo adapta al objeto. Una clave de formas, donde los intervalos capturan el ritmo de los instantes. 

A su lado, Paisaje en movimiento en la noche (2000-2003) nos muestra la relación armónica, el patrón interno, estable, de la noche. Las diferencias entre capturas son sutiles. Los colores de la noche azul, negra, gris y blanca, oscilan entre su cielo y la tierra, siendo como una etapa final para Paisaje playa día/ playa noche (2000-2003) en la cual la arena, con el ocaso, se oscurece y el azul de cielo cede ante la oscuridad. 


Elí Barreto, Serie Paisajes en movimiento, (2000-2003). (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)      
Elí Barreto, Serie Paisajes en movimiento, (2000-2003). (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)      
Elí Barreto, Paisaje en movimiento de camino a Salinas (2000-2003), acrílico sobre lienzo (políptico #4). (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)   
Elí Barreto, Paisaje en movimiento de camino a Salinas (2000-2003), acrílico sobre lienzo (políptico #4). (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)   
Elí Barreto, detalle de Paisaje en movimiento en la noche (2000-2003), acrílico sobre lienzo (políptico #6). (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)      
Elí Barreto, detalle de Paisaje en movimiento en la noche (2000-2003), acrílico sobre lienzo (políptico #6). (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)      

Entre los paisajes, en la pared del fondo, hay un pequeño díptico Paisaje rojo, amarillo y azul (I y II) (2000-2003). Este primero rememora la composición, quizás referenciada de manera inconsciente, de Trigal con cuervos (1890) de Van Gogh: un campo central amarillo, donde se cruzan con el viento las espigas de trigo bajo el azul del cielo, y la oscuridad en el plano inferior de la que fue una de sus últimas obras. El acrílico, manejado con excepcional técnica, ha adquirido el lustre del esmaltado de la cerámica, su vidriosidad e impasto. La influencia de Van Gogh en el artista se vuelve tangible en Libro intervenido por el artista: Van Gogh (2020). Este, junto a Libro intervenido por el artista: New York Maps (2020) surge como una respuesta a la carencia de papel que enfrentó Barreto Talavera en la pandemia del Covid 19. Las intervenciones, mayormente realizadas en la hoja derecha del libro, se leen en instantes como vórtices, o pequeños ciclones que se posan sobre el espacio, como en la página nueve de New York Maps, en la que un entretejido de rojos, rosados, blanco, negro y marrón giran sobre Brooklyn, en una toma aérea junto al Puente de Brooklyn. Es esta composición, elíptica, la que devela la etapa más reciente del artista dentro de la muestra panorámica. 


Elí Barreto, díptico Paisaje rojo, amarillo y azul (I y II) (2000-2003), acrílico sobre lienzo. (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)  
Elí Barreto, díptico Paisaje rojo, amarillo y azul (I y II) (2000-2003), acrílico sobre lienzo. (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)  
Elí Barreto, Paisaje rojo, amarillo y azul I, acrílico sobre lienzo. (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)   
Elí Barreto, Paisaje rojo, amarillo y azul I, acrílico sobre lienzo. (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)   

El cuadrado ha colapsado. Sus ángulos han cedido ante la forma más simétrica: el círculo. En estas composiciones, Barreto destaca el número infinito de líneas de simetría en cada composición, la mayoría elaborada mediante la técnica del collage de pequeñas tiras de papel revestido con pintura de acrílico, con los que crea símbolos, mandalas. El término “mandala” proviene del sánscrito, que significa “círculo”, pero a su vez “centro”. Esta noción comprendía el símbolo geométrico como un diagrama del cosmos, una base, un centro del todo en el cual, al mirar sus lienzos, podemos ver dónde ha marcado su centro con una cruz a lápiz. Entre estas, Tablero #3 (2013-2016), monocroma en cobre metálico, parte desde un centro lumínico a cuatro círculos concéntricos que capturan la luz sobre el lienzo blanco. 


Elí Barreto, Tablero #3 (2013-2016), collage en acrílico sobre lienzo. (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)
Elí Barreto, Tablero #3 (2013-2016), collage en acrílico sobre lienzo. (Foto suministrada Jorge Rodríguez Acevedo)
Vista de otro segmento de la sala. (Foto suministrada por Jorge Rodríguez Acevedo)
Vista de otro segmento de la sala. (Foto suministrada por Jorge Rodríguez Acevedo)

En los últimos años, el círculo se ha inclinado ante una paleta oscura con la serie Puntos cardinales, que se encuentra al final de la sala. La paleta monocromática, entre negro, gris y blanco, apunta a todas direcciones, una brújula que revuelve hacia el infinito.    



Sobre el autor: Jorge Rodríguez Acevedo es analista, teórico y escritor de temas culturales, enfocado en arte puertorriqueño. Cuenta con un bachillerato en Filosofía de la Universidad de Puerto Rico, recinto de Mayagüez, y una maestría en Estudios Culturales y Humanísticos de la misma institución. Se ha desempeñado en la docencia y en la labor museística.

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