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Todas las aguas están conectadas

La curadora Vanessa Hernández Gracia se adentra en el trabajo en video de cinco artistas que exploran los cuerpos de agua como archivos vivos, como territorios donde convergen memoria, resistencia y afecto


Vista general de la exposición Todas las aguas están conectadas en la Residencia Ranger House en Río Grande, Puerto Rico. (Foto suministrada por Arte Yunque)
Vista general de la exposición Todas las aguas están conectadas en la Residencia Ranger House en Río Grande, Puerto Rico. (Foto suministrada por Arte Yunque)

interrumpir la oración

para quedarse expuesto 

a que otro la complete

con el pensar, 

es agua.


Roque Raquel Salas Rivera




El paisaje nos habita a través del agua.


Los ríos, lagunas y mares que atraviesan paisajes urbanos, montañosos o costeros son espacios vivos, portadores de memoria, vínculos entre comunidades y territorios, y testigos de historias de resistencia y desplazamiento. Estos cuerpos de agua configuran sistemas relacionales complejos donde convergen memorias, afectos y tensiones. En ellos se inscriben tanto las huellas de la vida cotidiana como las marcas de procesos coloniales y migratorios que han definido el Caribe y sus diásporas.


El paisaje deja de entenderse como exterioridad. No es aquello que se observa a distancia, sino una condición que se experimenta desde el cuerpx. Es territorio. El agua, al circular entre territorios y organismos, desdibuja las fronteras entre lo humano y lo no humano, entre lo individual y lo colectivo. Pensarla como archivo implica reconocer su capacidad de registrar, transportar y transformar memoria; asumir que en su flujo persisten relatos que no siempre son visibles, pero que continúan moldeando las formas en que habitamos el mundo.


El conjunto de miradas reunidas en la muestra Todas las aguas están conectadas propone, precisamente, una reconfiguración crítica de la relación entre cuerpx, territorio y memoria. A través del video, una herramienta idónea para entretejer diversas prácticas y disciplinas (archivo, procesos colaborativos, performance, sonido), les artistas Dhara Rivera, Carolina Caycedo, Helen Ceballos, Sofía Gallisá Muriente y Emilia Beatriz exploran los cuerpos de agua como entidades cargadas de historia, agencia y afecto. El río, la laguna o el mar se convierten en interlocutores activos en procesos de reconocimiento, duelo, resistencia y reparación.


En Río y respiro (2013), de Dhara Rivera, el Río Grande de Loíza en Puerto Rico se establece como eje central de investigación y experiencia sensorial. Este acercamiento no responde a una mirada romántica del paisaje, sino a un proceso sostenido de atención y escucha. El río aparece como un cuerpo denso, atravesado por memorias múltiples (ecológicas, sociales, comunitarias), que exigen ser atendidas desde lo relacional. 


Imagen fija de la obra Río y respiro (2024) de Dhara Rivera en la que se observa la pieza mientras navegaba por el río Grande de Loíza. (Foto suministrada por la artista)
Imagen fija de la obra Río y respiro (2024) de Dhara Rivera en la que se observa la pieza mientras navegaba por el río Grande de Loíza. (Foto suministrada por la artista)

A través de un diálogo participativo con la comunidad, los pescadores de la zona y un grupo de estudiantes, el cuerpo de agua se convierte en un organismo colectivo: un archivo vivo de voces, historias y memorias que atraviesan generaciones y ecosistemas. La incorporación de la performance introduce una dimensión temporal que se transforma continuamente. En este proceso, el conocimiento emerge del intercambio, de la experiencia compartida, de la escucha mutua.


Río y respiro [Video de YouTube, 7:54 min.], por Dhara Rivera, 2012.

Su componente ritual, de carácter ceremonial y celebratorio, busca recuperar el diálogo entre el ser humano y su entorno natural. Más que un gesto simbólico, el ritual opera como una práctica de reconocimiento: una forma de “notar” el río y, a la vez, de reconocerse en él. En este desplazamiento, el territorio se revela como extensión del propio cuerpo, abriendo preguntas sobre lo que permanece oculto o sedimentado en sus profundidades.


De manera afín, aunque desde otro contexto geográfico y político, Thanks for Hosting Us. We are Healing our Broken Bodies / Gracias por hospedarnos. Estamos sanando nuestros cuerpos rotos (2019), de Carolina Caycedo, aborda la fragmentación de los ríos San Gabriel y Wanaawna (Santa Ana) en el sur de California desde una perspectiva que entrelaza lo poético con lo político. La obra de Caycedo se articula en torno al acompañamiento de luchas socioambientales y al reconocimiento de los ríos como sujetos vivos, portadores de derechos y agencia.






En la exposición Todas las aguas están conectadas vemos a la izquierda la obra de Carolina Caycedo, Thanks for Hosting Us. We are Healing our Broken Bodies / Gracias por hospedarnos. Estamos sanando nuestros cuerpos rotos de 2019. (Foto suministrada por Arte Yunque)
En la exposición Todas las aguas están conectadas vemos a la izquierda la obra de Carolina Caycedo, Thanks for Hosting Us. We are Healing our Broken Bodies / Gracias por hospedarnos. Estamos sanando nuestros cuerpos rotos de 2019. (Foto suministrada por Arte Yunque)

Frente a la visión antropocéntrica que sitúa al ser humano como observador externo de la naturaleza, la artista plantea una continuidad entre cuerpx y territorio, entendiendo el cuerpx como un primer territorio. La fragmentación de los ríos, provocada por represas y procesos extractivos, se vincula con la experiencia de cuerpxs migrantes y desplazados. De este modo, la violencia ejercida sobre el agua se refleja en el cuerpx, evidenciando la relación inseparable entre ecología y política.


Thanks for Hosting Us. We are Healing our Broken Bodies / Gracias por hospedarnos. Estamos sanando nuestros cuerpos rotos [Fragmento de video de Vimeo, 3:32 min.], por Carolina Caycedo, 2019.  

Los cuerpxs fracturados que buscan recomponerse evocan la necesidad de sanar ecosistemas y comunidades, proponiendo un enfoque de cuidado activo y restauración simbólica. Sus “retratos de agua”, activados mediante la danza, funcionan como imágenes vivas que se despliegan en el cuerpo de agua, estableciendo un diálogo entre representación y acción. En este contexto, la performance se convierte en un espacio de sanación y de revisión crítica de las miradas colonizadoras, trasladando la figura del dominio hacia la del cuidado y la coexistencia.


La atención al cuidado emerge como parte del tránsito hacia lo desconocido en Fue esa la vía (2021) de Helen Ceballos. La obra aborda la experiencia migratoria desde una sensibilidad profundamente encarnada en la que el mar es un territorio en constante transformación, atravesado por desplazamientos, esperas y pérdidas. Un acercamiento que identifica el Caribe como un territorio en el que sus individuos están en constante desplazamiento y que se sostiene por redes de afecto y solidaridad.


Vista de la video instalación de Helen Ceballos Fue esa la vía de 2021 parte de la exposición Todas las aguas están conectadas, un proyecto de Arte Yunque. (Foto suministrada por Arte Yunque)
Vista de la video instalación de Helen Ceballos Fue esa la vía de 2021 parte de la exposición Todas las aguas están conectadas, un proyecto de Arte Yunque. (Foto suministrada por Arte Yunque)

Mediante una narrativa fragmentada, construida desde la memoria parcial de la artista, se articulan diversas miradas que oscilan entre lo testimonial y lo onírico. A través de fragmentos visuales y sonoros, la obra alterna entre planos subjetivos, vistas aéreas y tomas bajo el agua que desplazan cualquier representación estable del paisaje costero. Esta oscilación entre inmersión y distancia sitúa al espectadxr dentro de una experiencia marcada por la incertidumbre y la precariedad. El sonido directo, compuesto de respiraciones agitadas, viento, agua y silencios abruptos, intensifica la tensión física y emocional de la travesía en yola entre República Dominicana y Puerto Rico. 


Fue esa la vía [Video de Vimeo, 7:18 min.], por Helen Ceballos, 2021. 

El carácter vivencial de la obra de Ceballos enuncia fragilidad, invisibilidad y supervivencia, revelando cómo lxs cuerpxs se relacionan con los territorios que atraviesan. La video instalación activa una dimensión corporal específica que coloca al espectadxr en una posición que remite a la fragilidad de la travesía y a la invisibilidad de los cuerpxs migrantes como estrategia de supervivencia. En el que la costa se transforma en un archivo afectivo donde se acumulan despedidas, resistencias y duelos.


Y precisamente el duelo, en y desde la memoria, está presente en Guaniquilla luminosa (2023) de Sofía Gallisá Muriente una experiencia sensorial que vincula la observación de la laguna con la memoria del lugar (el sedimento) y la presencia humana en el territorio (la huella). La laguna Guaniquilla, ubicada en la Reserva Natural Punta Guaniquilla en Cabo Rojo, Puerto Rico, se presenta como un archivo vivo, donde los sedimentos funcionan como capas de memoria acumulada. A través del uso de película Super 8 revelada artesanalmente con agua de la montaña, la artista introduce una materialidad que inscribe el territorio directamente en la imagen. Mediante este gesto activa una reflexión sobre los modos de producir y preservar memoria en Puerto Rico, en tensión con la pérdida de archivos, cuerpos e historias.


La obra de Sofía Gallisá Muriente, Guaniquilla luminosa de 2023 forma parte de su proyecto en proceso Observatorio de lagunas. (Foto suministrada por Arte Yunque)
La obra de Sofía Gallisá Muriente, Guaniquilla luminosa de 2023 forma parte de su proyecto en proceso Observatorio de lagunas. (Foto suministrada por Arte Yunque)

La obra forma parte de Observatorio de lagunas, un proyecto de investigación a largo plazo donde Gallisá Muriente explora la relación entre las lagunas costeras y las lagunas de la memoria: ausencias, vacíos y fragmentos que persisten pese a los procesos de borradura histórica. En este contexto, Guaniquilla aparece como un espacio ancestral ligado a la formación geológica del Caribe, pero también como un territorio atravesado por tensiones contemporáneas relacionadas con la conservación, el archivo y la desaparición. La materialidad deteriorada de la película, sus manchas, veladuras y rastros químicos, no oculta el proceso de producción de la imagen, sino que lo hace visible, insistiendo en que toda memoria implica transformación y desgaste. Más que fijar el paisaje, la obra propone habitar su inestabilidad, permitiendo que el territorio emerja como una presencia viva, fluctuante y capaz de generar nuevas formas de relación.



Guaniquilla luminosa [Video de Vimeo, 5:00 min.], por Sofía Gallisá Muriente, 2023.


En barrunto (2024) de Emilia Beatriz se expande la reflexión a una dimensión diaspórica. La obra vincula Puerto Rico y Escocia, explorando resonancias entre territorios marcados por la ocupación militar, la contaminación y la pérdida ambiental (manifestada a través del duelo) con un tono poético pocas veces visto en este tipo de relato. El mar es el medio de conexión entre geografías distantes, además de portador de memorias compartidas. 


La dimensión especulativa de barrunto se articula desde una sensibilidad que conecta escalas íntimas y planetarias. La obra entrelaza territorios militarizados, fondos oceánicos, paisajes atmosféricos y memorias familiares mediante una narrativa que rehúye la linealidad y privilegia asociaciones afectivas y sensoriales. El uso de material de archivo, película de 16mm procesada manualmente y referencias a la física cuántica, introduce una temporalidad expandida donde pasado, presente y futuro coexisten. En lugar de representar la diáspora únicamente como distancia o ruptura, Beatriz propone formas de conexión sostenidas por la escucha, la traducción y la colaboración. Así, el “barrunto” funciona menos como premonición que como estado de percepción: una atención corporal al entorno que permite reconocer cómo los territorios y los cuerpxs continúan afectándose mutuamente, incluso a través de grandes distancias geográficas y temporales.


Imagen fija del video barrunto (2024) de Emilia Beatriz, una narración especulativa inspirada en la poesía y las teorías del entrelazamiento cuántico a través de la distancia de la diáspora. (Foto suministrada por la artista)
Imagen fija del video barrunto (2024) de Emilia Beatriz, una narración especulativa inspirada en la poesía y las teorías del entrelazamiento cuántico a través de la distancia de la diáspora. (Foto suministrada por la artista)

A través de colaboraciones con archivos comunitarios, su trabajo establece puentes entre la salud del cuerpo humano y la de los cuerpos de agua, subrayando la interdependencia entre ambos. A lo largo del video vemos cómo el texto (subtitulado), producto de la correspondencia entre le artista y sus seres queridos, emerge como estrategia para sostener vínculos más allá de las fronteras impuestas. En este gesto, la obra se sitúa en un “estar y no estar” que refleja tanto la experiencia diaspórica como la búsqueda de arraigo. Frente al duelo ecológico, se abre la posibilidad de imaginar otras formas de relación, otros futuros posibles.


Las obras en conjunto operan como prácticas que configuran un campo de investigación en el que el agua, en sus diversas manifestaciones, opera como eje articulador de experiencias diversas, pero profundamente interconectadas. Los cuerpos de agua se presentan simultáneamente como archivos, territorios políticos, espacios de duelo y agentes de conocimiento. A su vez, el cuerpx, en su dimensión individual y colectiva, se revela como un lugar de inscripción de estas relaciones, atravesado por historias de migración, violencia, resistencia y cuidado.


“A través del video, una herramienta idónea para entretejer diversas prácticas y disciplinas (archivo, procesos colaborativos, performance, sonido), les artistas Dhara Rivera, Carolina Caycedo, Helen Ceballos, Sofía Gallisá Muriente y Emilia Beatriz exploran los cuerpos de agua como entidades cargadas de historia, agencia y afecto. El río, la laguna o el mar se convierten en interlocutores activos en procesos de reconocimiento, duelo, resistencia y reparación”.  — Vanessa Hernández Gracia

El territorio se activa a través de cada uno de los acercamientos. En Rivera y Caycedo, el agua surge como espacio ritual y comunitario, vinculado a procesos de reconocimiento y reparación. En Ceballos y Beatriz, se manifiesta como medio de migración y transformación, atravesado por desplazamientos físicos y metafóricos. En Gallisá Muriente, se consolida como archivo, donde memoria y olvido coexisten en tensión. Estas aproximaciones no son excluyentes, sino complementarias. Entre ellas emergen tensiones, entre cuidado y explotación, entre visibilidad e invisibilidad, entre permanencia y cambio, que el agua permite sostener sin resolver. En su flujo, estas contradicciones coexisten, abriendo un espacio para pensar desde la complejidad.


La muestra es un recorrido donde ríos, lagunas y mares median entre arte, cuerpx y territorio, reconociendo la vitalidad, fragilidad e indispensable presencia de estas aguas que nos atraviesan y sostienen. Las obras abren preguntas sobre cómo habitamos el entorno y cómo podemos reconstruir vínculos desde prácticas de atención, colaboración y memoria. Todas las aguas están conectadas en un proceso fluido que nos involucra, nos transforma y nos invita a repensar nuestra relación con el mundo que habitamos.


*La exposición Todas las aguas están conectadas se presentó los días 17, 24 y 31 de enero de 2026 en la Residencia Ranger House en El Verde, Río Grande, Puerto Rico, como parte del proyecto Arte Yunque. La autora fue la curadora invitada de la muestra.



Sobre la autora: Vanessa Hernández Gracia es artista, profesora y curadora independiente. Obtuvo un Máster en Arte Público (2012) en la Universidad Politécnica de Valencia, un Diploma de Estudios Avanzados (2004) en la Universidad de Castilla-la Mancha y un Bachillerato en Escultura en la Escuela de Artes Plásticas y Diseño de Puerto Rico (1999). Ha mostrado su obra en Nueva York, Miami, Honduras, Colombia, Martinica, República Dominicana, Francia, España, entre otros. Ha realizado residencias artísticas en Francia y Estados Unidos. Ha sido becada por las organizaciones: PRAI, Centro de Economía Creativa, Beta Local, Art Matters, Foundation for Contemporary Arts, NALAC y MASS MoCA. Entre sus más recientes proyectos curatoriales se encuentran: Todas las aguas están conectadas (Arte Yunque), El espacio común (Museo de Arte de Puerto Rico) y la 4ª Trienal Poli/Gráfica de San Juan, América Latina y el Caribe, junto a Gerardo Mosquera y Alexia Tala (Instituto de Cultura Puertorriqueña). Durante diez años fue codirectora del espacio de arte independiente, El Lobi en Santurce.

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