El portal de las ramas: Ramificaciones de Merián Soto en El Yunque
Lydia Platón Lázaro se sumerge en el bosque nacional El Yunque para reseñar la reciente pieza de danza con ramas, conceptualizada y dirigida por Soto

En 2021 fui testigo de la primera presentación en Puerto Rico de la danza con ramas (branch dancing) de Merián Soto, que se celebró en el Museo de Arte Contemporáneo, como parte de la exhibición colectiva Anarquía y dialéctica en el deseo: género y marginalidades en Puerto Rico, curada por Raquel Torres Arzola. La pieza de Soto, El mundo nunca será el mismo, hacía alusión tanto al encierro del Covid-19, del cual apenas salíamos, como a la serie de eventos catastróficos de la isla desde el huracán María.
Al volver a ver la danza de ramas de Merián Soto en el 2026, esta vez con un grupo diverso e intergeneracional de bailarines en El Portal de Visitantes de El Yunque, la experiencia se acrecentó en misticismo, asombro y bálsamo. El mundo nunca será el mismo, no lo ha sido, ni será. El colapso casi total de Puerto Rico en el presente, nos confronta y nos obliga a replantearnos nuestra relación con nuestros cuerpos, el paisaje y la memoria.
“Lo inesperado fluye, como golpe de río y la ancestralidad de las prácticas de los cuerpos en la naturaleza se convierten en las ramas y raíces del entramado de nuestra realidad” — Lydia Platón Lázaro
Ramificando, pieza conceptualizada y dirigida por Soto, veterana bailarina, coreógrafa y performer, se presentó el 14 de junio con la asistencia en dirección de la bailarina, coreógrafa y docente Marion Ramírez, colaboradora de Soto desde hace más de 25 años. La pieza contó con les bailarines Ángel Blanco, Javier Cardona, Jaime Maldonado y Awilda Rodríguez Lora. Ramírez y Soto también participaron como movedoras. La violinista y performer española Mayte Olmedilla, traída por Merián desde Filadelfia, les acompañó.

Merián Soto practica esta meditación en movimiento con su cuerpo y ramas desde el 2005, explorando cualidades de movimiento, relaciones espaciales al aire libre y proponiendo un estar, siendo naturaleza. Cuando una es espectadora de la práctica, la experiencia es tanto estética como evocadora de estados de memoria somática, contemplación y asombro.
El grupo de experimentades bailarines que participó de la pieza es conocido por prácticas propias caracterizadas por búsquedas de forma y lenguajes para escenarios y procesos compartidos. Su colaboración con Soto y Ramírez se veía nutrida de la investigación somática en sus propios cuerpos, fluyendo en un nuevo lenguaje: el de las ramas. Cada cuerpo cargaba sus ramas desde sus experiencias, a veces todas juntas como carga, otras como varas mágicas, como extensiones de sus brazos, como objetos de juegos deportivos con audaces desplazamientos. Experimentaba, cada uno, con nuevas posibilidades de balance, estar en quietud, provocar ritmos sonoros y energéticos que, a su vez, movían a les demás bailarines, como las raíces de árboles que se conectan subterráneamente en el bosque. El sistema de comunicación de ramas y raíces cobró vida en cuerpos vestidos cada une de un color llamativo —el vestuario fue diseñado y confeccionado por María de Azúa—, recorriendo la arquitectura del portal. Soto sirvió de árbol principal, manejando la energía del grupo desde su presencia, a la vez que cada movedor y movedora proponía su estilo y ritmo.

El domingo de la presentación en El Yunque, a las 3:00 de la tarde, veníamos particularmente necesitados de este encuentro. Sobre Puerto Rico pesa el espectro de la venta total del país con leyes que roban los recursos naturales que nos quedan. Además, desde hacía días, en muchas comunidades de San Juan el agua llegaba intermitente o no llegaba. Desde el 11 de junio, buena parte del área metropolitana y áreas de Bayamón y Guaynabo, no habían recibido gota de agua, algo que muchos otros sectores en Puerto Rico llevan enfrentando a lo largo de los años. No es por sequía, cambio climático o por el fenómeno del Niño, es por corrupción y falta de mantenimiento de un sistema fallido desde sus inicios, producto de la política partidista y las prioridades de desarrollo que se han escogido. Las ramificaciones de estos conflictos en ecosistemas frágiles nos mantienen al vilo de la resistencia y la cordura.

Gracias a Merián Soto, ArteYunque y este elenco, vivimos una experiencia donde nos hermanamos por otro tipo de tejido, llamado Río en movimiento. Este río, referencia obligada del agua que atraviesa nuestro bosque pluvial, no contiene en su imaginario las ramificaciones de la carencia de servicios esenciales, más bien simboliza la abundancia de detenerse a respirar para ver el cuerpo fluir, para ver la danza y las ramas en la propuesta.
La pieza fue comisionada por ArteYunque como parte del programa de eventos de la exhibición Río: Cuenca hidrográfica en la vereda de El Portal, centro de visitantes del bosque pluvial. ArteYunque es un proyecto que enlaza el arte al estudio científico de la biodiversidad del bosque en esta vereda interpretativa. El edificio del portal fue el lugar escogido por Merián Soto para presentar su pieza, ya que permitía la exploración con las grandes ramas y proveía múltiples puntos de vista para las y los espectadores. Al principio de la pieza, el público podía descubrir a les bailarines con sus ramas en puntos focales diversos, como balcones, techos y pequeños patios laterales que sorpresivamente rodean el portal y que están arquitectónicamente diseñados en niveles para entrever al Yunque desde todos los puntos. Así una iba descubriendo cuerpos, cada uno cromáticamente insertados en el paisaje. Es como cuando miramos dentro de la espesura del majestuoso bosque tropical y se nos aparecen bromelias, lagartijos, aves, pedazos de cielo o infinitos tonos de barro.

Con el acompañamiento de la propuesta sonora de Mayte Olmedilla, las y los bailarines fueron agrupándose hasta estar en un salón amplio rectangular de techo muy alto, con el público ubicado a su vuelta cuadrada. Cada bailarín tenía una oportunidad de hacer solos, a veces se encontraban en un dueto y en cada secuencia, las ramas iban diseñando formas, situaciones, momentos de intensa belleza escultórica o sonidos inesperados contra el suelo. La práctica es una improvisación estructurada, lo que significa que, aunque existe en un espacio de presencia plena y libertad, hay unas temporalidades decididas por Soto que nos permiten vivir distintos estados anímicos. Hacia el final de la experiencia, inesperadamente, una espectadora especial se sintió interpelada al espacio que se iba compartiendo entre las y los bailarines y sus ramas.
La artista visual, bailarina y performer, amiga de Soto por más de 50 años, Awilda Sterling Duprey, entró al espacio y Marion Ramírez le ofrendó una de sus ramas: un tronco más grueso que lo que manejaban los demás. Sterling se movió al centro del espacio, visiblemente conmovida y el elenco se sentó a cierta distancia para dejarla expresarse. Fue como si su presencia solidificara las ramificaciones de esta acción colectiva y Sterling se hizo tronco para estas ramas. Su entrada y movimiento fluido, su llanto y luego su sonrisa, al entregar de vuelta la rama a Ramírez y ejecutar su salida, parecía parte de la estructura del evento y, a la vez, la magia de esta práctica. Lo inesperado fluye, como golpe de río y la ancestralidad de las prácticas de los cuerpos en la naturaleza se convierten en las ramas y raíces del entramado de nuestra realidad.

Luego de ese momento no planificado, que uno pensaría insuperable, la pieza fue buscando su final con Merián Soto en el centro, el último solo de rama, suelo, cuerpo y sonido, mientras que las y los bailarines habían abierto las puertas al patio. Salimos a verlos formados en círculo, espalda con espalda y ramas al cielo, cuando de repente la lluvia empezó a caer. El Yunque nos ofrendó una bendición final a los cuerpos sedientos que llevaban días sin agua. Las ramas, ahora palos para llamar la lluvia, se transformaron en un ritual colectivo que subrayan el poder del arte comunitario, el encuentro y la escucha atenta a la naturaleza.
Sobre la autora: Lydia Platón Lázaro, Ph.D., es escritora, artista escénica y gestora cultural comunitaria. Forma parte del grupo de trabajo del Taller Comunidad la Goyco, un colectivo comunitario que desarrolla proyectos para la convivencia en el barrio de Machuchal, en San Juan (Puerto Rico). En el 2026, se dedica a la investigación y la escritura sobre artes visuales de mujeres mayores en Puerto Rico, gracias a una beca de la Andy Warhol Visual Arts Foundation. Publica sobre el performance, la danza y las artes con un interés por el poder transformador del trabajo creativo, buscando apoyar luchas de justicia en Puerto Rico y el Caribe. Es autora de Defiant Itineraries: Caribbean Paradigms in American Dance and Film (Palgrave Macmillan, 2014) y Las puertas del duelo en Puerto Rico contemporáneo: arte, comunidad, cuerpo y memoria (Editora Educación Emergente, 2025).


































