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El corazón latiente de Pepón Osorio

El pasado mes de junio el New Museum de Nueva York presentó una retrospectiva del artista con obras desde la década de 1990 hasta la actualidad


Vídeo cortesía del New Museum de Nueva York


NUEVA YORK — Pepón Osorio es un artista insólito, de esos que no dejan de sorprender. Con más de cuatro décadas de quehacer artístico, este reconocido creador puertorriqueño está en pleno florecimiento de las extraordinarias cualidades que lo distinguen: su profundidad creativa, la inteligencia humana que lo guía y la inmensa capacidad que contiene su corazón compasivo, fuente de su obra.


Muestra de ese continuo crecimiento se refleja en la obra “My Beating Heart/Mi corazón latiente”, que le dio título a la reciente y aclamada exposición de Osorio, celebrada en la ciudad de Nueva York, entre junio y septiembre del 2023. Esta muestra recogió obras del artista desde la década de 1990 hasta la actualidad. 


“Pepón se describe a sí mismo como un ‘embelequero de primer orden’ cuya regla de oro es ‘entre más, mejor’, dictamen con el que alegremente contradice al austero mandamiento del movimiento artístico modernista internacional del ‘less is more’” —Susana Torruella Leval

La enorme presencia de su corazón, suspendida como una piñata monumental, daba la bienvenida a la entrada de las galerías del New Museum, donde se llevó a cabo la muestra. Su fuerte latido retumbaba a través del espacio de la exhibición. El corazón aparecía feliz, cubierto de papelitos picados de color rojo vivo, listo para una fiesta mexicana. Sin embargo, las venas azul pálido que lo enroscaban parecían amenazar su vitalidad. El corazón de Pepón Osorio servía de símbolo máximo de la muestra: vivo, constante, energético, valeroso, alegre y dulce como su persona.


“My Beating Heart/Mi corazón latiente” se celebró en el New Museum de Nueva York entre junio y septiembre del 2023. (Fotos: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)


Las importantes obras e instalaciones que formaron parte de esta muestra reafirmaron las preocupaciones eternas del artista: injusticia social, prejuicio racial, violencia doméstica, falta de recursos económicos, falta de equidad de servicios sociales, sistema de educación fracasado —bajo el crimen original y continuo de la sumisión de Puerto Rico como colonia. Del lado positivo, sus poderes de observación social producen obras, como “En la barbería no se llora”, que explora y celebra la idiosincrasia y excentricidades de su adorado pueblo boricua.


Una de las piezas que formó parte de la muestra fue la instalación “En la barbería no se llora”. (Fotos: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)


Como gran educador y trabajador social profesional —en sus nueve años como trabajador social en Nueva York, calcula que visitó cerca de 1,200 familias— Pepón ha desarrollado un proceso creativo íntimo y particular a su formación y personalidad. Alrededor de 1985, Pepón y Merián Soto, su compañera de vida y arte, decidieron que iban a “crear dentro de nuestro propio contexto, nuestra propia realidad”. Esta decisión recuerda al manifiesto de 1922 del artista Diego Rivera, quien declaró la pintura europea de caballete (que todos intentaban copiar) irrelevante y elitista, y lanzó el glorioso movimiento muralista, devolviendo su propia historia al pueblo mexicano.


En 1969, el artista puertorriqueño Rafael Montañez Ortiz, quien fundó El Museo del Barrio en Nueva York, explicó elocuentemente las razones de su importante acto: "La privación de derechos culturales que experimento como puertorriqueño me ha llevado a buscar una alternativa práctica al museo ortodoxo, que no satisface mis necesidades de una experiencia étnica auténtica. Para brindarme a mí y a otros la oportunidad de establecer conexiones vivas con nuestra propia cultura, fundé El Museo del Barrio”. 


Estas estrategias y acciones fueron parte de un movimiento artístico de resistencia cultural liderado por artistas puertorriqueños de la diáspora de Nueva York, especialmente entre 1960 y 1970. Tuvo su apogeo en los años 80 y 90 con la adición de artistas caribeños y latinoamericanos. Fue un arte que surgió del deseo de distintas comunidades de recobrar y conservar su identidad cultural a contrapelo de la dominancia colonial europea o estadounidense. La fotógrafa e historiadora de la fotografía, la cubana María de la Haya, (Marucha), describió el proceso como “recobrar nuestra imagen con la recreación de nuestros propios valores, y la afirmación de una identidad multinacional en Latinoamérica”, según se recoge en varios documentos conservados por el Center for Cuban Studies de Nueva York. En los años 80, este movimiento se denominó “multiculturalismo”, y alcanzó su mayor esplendor con la exposición “The Decade Show”, realizada en el Museum of Contemporary Hispanic Art (MoCHA), The New Museum y The Studio Museum en Harlem. Más de 200 obras de 94 artistas de diversas nacionalidades y trasfondos culturales fueron destacadas en esta innovadora exposición. 


Este movimiento fue clave para la decisión creativa que Pepón Osorio tomó junto a Merián Soto. También sirvió de base para que el artista desarrollara su característico estilo “barroco tropical”, como lo describió hace años Antonio Martorell, otro gran artista puertorriqueño. El proceso sigue el impulso puertorriqueño de transformar la realidad, de redecorarla y “embelequearla” para hacerla más llevadera, y así soportar mejor sus traumas y dificultades. Materialmente, el reconocible lenguaje artístico de Pepón es alegre, colorido, poblado de diminutas chucherías en plástico que provienen de la cultura vernacular isleña: ángeles, muñequitas, tabacos, figuritas de bizcocho, caballitos, palmas de coco, banderas puertorriqueñas, dóminos y así "ad infinitum".  

                                            

Pepón se describe a sí mismo como un “embelequero de primer orden” cuya regla de oro es “entre más, mejor”, dictamen con el que alegremente contradice al austero mandamiento del movimiento artístico modernista internacional del “less is more”. Este lema va en contra de las normas tradicionales del “buen gusto” y de las “bellas artes” —por ejemplo, su uso del plástico y de la decoración excesivaPepón explica en el catálogo de “Con to’ los Hierros” (El Museo del Barrio, 1991) esta aparente riqueza a través de su lente de trabajador social: “Hay que crear una abundancia que no existe de verdad, y sin mirar más allá. Los puertorriqueños de la clase trabajadora, en la isla o en Nueva York, necesitan transformar la realidad para escapar de su dolor”.


"La Bicicleta"

En la década del ochenta, Pepón creó “El Chandelier” y “La Bicicleta”, hoy obras icónicas de su trabajo, para colaboraciones performáticas con Merián Soto. En ese tiempo la danza y el performance irrumpían con fuerza en el Bajo Manhattan y con ello la creatividad de esta pareja. Ambas piezas eran magníficos trasfondos decorativos que proveían el ambiente latino a la narrativa.“El Chandelier”, omnipresente aún en los más humildes hogares puertorriqueños, ofrece un punto de luz y belleza a una vida de largo y duro trabajo. Mientras que “La Bicicleta” cobra vida con la transformación incremental que ejercen los puertorriqueños sobre sus objetos, impartiéndoles su propia personalidad para poseerlos totalmente. Aún recuerdo con felicidad las cartas de jugar que mi mamá me regaló para decorar los rayos de mi bici, pues al correrla su ruido la transformaba en soñada motocicleta.


"El Chandelier"

“La Cama”, obra de la misma época, tiene una historia muy particular. Pepón se crió en un hogar lleno de amor y creatividad. Su madre, enfermera y repostera, confeccionaba estupendos bizcochos de extravagante decoración para festejar ocasiones especiales: bodas, bautizos, graduaciones, triunfos deportivos. Toda la familia colaboraba en estas creaciones: su madre horneaba el bizcocho, Pepón y su hermana lo decoraban, y su padre creaba armazones y bases, a veces de cuatro pies, para las fantásticas creaciones que surgían de la familia.


"La Cama"

Como sus padres trabajaban sin cesar, Pepón tenía una nana afropuertorriqueña llamada Juana Hernández, a quien consideraba su segunda madre. Juana era tímida, reservada, cariñosa y dulce. Vestía trajes coloridos que adornaba con bellas pulseras. Al acercarse su boda con Merián, Pepón reflexionó sobre la dura vida de Juana y decidió hacerle un homenaje con una obra a través de la que, simbólicamente, le presentaba a Merián. "La Cama" es una ofrenda de amor y agradecimiento de Pepón a su querida Juana. Sus incontables decoraciones celebran el ciclo de la vida en su plenitud: amor, tentación, placer, felicidad, ilusión, espiritualidad, vanidad, alegría, sufrimiento, muerte. La cobertura, hecha en colaboración con un grupo de costureras, entreteje cientos de capias hechas a mano para celebrar ocasiones especiales. El medallón flamante del respaldar muestra, de un lado a Merián, futura bailarina, y, del otro, Pepón de niño, vestido de gala para las Fiestas Patronales de Carolina. A los días de terminar “La Cama”Pepón soñó que presentaba a Merián y a Juana. Aunque estas piezas no formaron parte de la reciente exhibición de Pepón Osorio, vale recordarlas para ampliar el contexto y la comprensión de la diversidad del trabajo del artista puertorriqueño. 


De vuelta a las galerías del New Museum, nos encontramos con una escena espeluznante: el feminicidio de una mujer del Sur del Bronx. Apenas podemos entrar a su hogar, abarrotado de objetos, muebles, decoraciones puertorriqueñas: banderas, santos, innumerables fotos enmarcadas. Dentro del revoltijo físico, apenas alcanzamos a ver el horroroso cuerpo ensangrentado de la mujer al pie de la barra turquesa. Pepón creó esta obra, “Scene of the Crime (Whose Crime?) para destacar los estereotipos que han dominado las representaciones de los latinos en películas de Hollywood, como “Fort Apache, the Bronx”, de 1981. Originalmente, la obra incluía una mini biblioteca de películas racistas y ofensivas a los latinos. Este detalle no se incluyó en el New Museum, quitándole contexto a la obra. Como es usual en su proceso, Pepón colaboró con un detective que le aconsejó y le permitió acompañarle en investigaciones criminales. La cinta policíaca que prohíbe el paso al interior del hogar nos convierte a todos en voyeurs, mirones y “averiguaos”, mirando desde afuera sin comprensión ni compasión. La obra ha sido mal interpretada desde su debut en 1993 en la Bienal del Whitney. Recuerdo como ayer, en el gentío de la apertura, el comentario de una rubia envuelta en mink blanco: “Is that how they live!”. 


“Scene of the Crime (Whose Crime?)”, instalación que destaca los estereotipos que han dominado las representaciones de los latinos en películas de Hollywood. (Foto: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)

La pieza llama la atención por los objetos, muebles y decoraciones puertorriqueñas: banderas, santos e innumerables fotos enmarcadas. (Foto: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)

Para esta pieza, Pepón colaboró con un detective que le aconsejó y le permitió acompañarle en investigaciones criminales. (Foto: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)

La instalación recrea una escena espeluznante: el feminicidio de una mujer del Sur del Bronx. (Foto: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)

Originalmente, la obra incluía una mini biblioteca de películas racistas y ofensivas a los latinos. Este detalle no se incluyó en el New Museum. (Foto: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)

Por la descontextualización que suelen practicar los museos durante sus procesos de exhibición y la frecuente ignorancia de sus audiencias generales, Pepón siempre ha desconfiado de mostrar en museos de gran fama, grandes e impersonales. Prefiere presentar sus obras en centros culturales comunitarios y usualmente abre sus obras en lugares que alquila en las calles de comunidades puertorriqueñas y latinas, donde el reconocimiento y la comprensión son instantáneos. Mostró también en pequeñas galerías de vanguardia, como la de Ronald Feldman, galerista quien desde temprano comprendió plenamente la importancia de su obra. 


Más adelante en la exhibición, encontramos otra obra clave de Pepón en tema y estilo: “En la barbería no se llora”. Es su lamento semi-gracioso por el nivel tóxico del machismo en Puerto Rico. Su inspiración nació de la ansiedad que le surgió cuando se convirtió en padre. ¿Podría proteger a sus hijos, Gabriel y Marcelo, de las presiones que la cultura popular ejerce sobre los niños? (“¡Los niños no lloran!”, “Si te pegan, ¡pégale más fuerte!”, “Ese color no es de hombres!”).


La mirada clínica de Pepón a su entorno social crea una barbería de ambiente ideal de la hipermasculinidad puertorriqueña: trofeos deportivos; piezas de automóvil; retratos de hombres, famosos y desconocidos; productos de belleza para hombres; gorras de deporte; pecera con tiburones y buceadores; techo decorado con grafitis de espermas voladoras. La versión del New Museum se presentaba mucho más burguesa: paredes color melocotón; tapa bocinas en fila; medallones ovalados sobre los espejos; un espejo antiguo en la esquina; una enorme mesa de billar en el centro. 


“En la barbería no se llora” (Foto: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)

El escaparate que enfrenta al cliente entre sillas de barbero en terciopelo rojo da una idea del extraordinario nivel de detalle (como en los cosméticos y productos de belleza) que Pepón les dedica a sus obras. Para complementar su mirada clínica Pepón nos ofrece pruebas de su corazón compasivo: por cada macho en la barbería, hay también imágenes de hombres llorando, abatidos, débiles, confundidos. Su manifestación espiritual (¿avatar?) es la impresionante figura de San Lázaro, el santo de los pobres, los desvalidos, los vulnerables, quien se pasea por la barbería. 


“Badge of Honor”, es una obra inolvidable, conmovedora, que también formó parte de la exhibición. Esta presenta un diálogo entre un padre encarcelado y un hijo que sueña con su vuelta al hogar. En espacios paralelos, pero de fuerte contraste —una celda y el dormitorio de un adolescente— la obra de Pepón penetra la vida y el corazón de un padre, Nelson González, y su hijo. La celda desnuda muestra la pobreza física y humana que vive el padre día a día. El cuarto del hijo adolescente, empapelado con tarjetas coleccionables deportivas, muestra el derroche material de regalos (equipo de toda clase de deportes, de música, computador, video, bicicleta, figuras deportivas, trofeos, afiches de héroes deportivos) que el padre le enviaba al hijo para compensar por su ausencia.


“Badge of Honor” es una obra que presenta un diálogo entre un padre encarcelado y un hijo que sueña con su vuelta al hogar. (Fotos: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)


A través de incontables visitas a ambos durante un año, Pepón les escuchó y ganó su confianza. Al tiempo, recibió permiso para grabar videos, por separado, con padre e hijo. Así lo pidieron por ser menos doloroso. En un momento de gran emoción, el hijo le dice al padre que daría toda la riqueza material en su dormitorio a cambio de tenerlo de nuevo en casa. El talento máximo de Pepón como artista y ser humano —escuchar con el corazón— le permitió facilitar y reconstruir una conversación sin precedentes, íntima, honesta, cariñosa, y finalmente catártica, entre padre e hijo. 


La enorme instalación “reFORM” (2014-17) hace referencia a un gran triunfo comunitario que Pepón logró con los estudiantes y maestros de una escuela en el Distrito Fairhill de Filadelfia. En 2014, Pepón se enteró que en el Distrito Escolar de su vecindario latino, la Comisión de Reforma Escolar, sin previo aviso, cerró 23 escuelas públicas por “fallas educativas”, abandonando a los estudiantes (96% de ellos afrocaribeños y de rango económico bajísimo) a su propia suerte. Debían entonces buscar sus propias escuelas o ser transportados a otras en vecindarios donde los someterían a hostilidades y racismo. Los estudiantes, fuertemente traumatizados por la pérdida de su escuela (donde sus padres y abuelos se habían educado), sus amistades y su arraigo en el vecindario, se habían dispersado y se encontraban frustrados, perdidos y desorientados en cuanto a su futuro. 


“reFORM” hace referencia a un gran triunfo comunitario que Osorio logró con los estudiantes y maestros de una escuela en el Distrito Fairhill de Filadelfia. (Fotos: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)


Pepón comenzó a buscarlos y al cabo de varios meses reunió a 75 de ellos en una sencilla cena comunitaria en el sótano de Tyler University, donde ambos, Pepón y Merián, enseñan. Esta reunión llevó a la formación de un grupo de diez estudiantes voluntarios, quienes, habiendo reconectado en la cena, se unieron a Pepón, llamaron su grupo Bobcats (mascota de la escuela) y comenzaron a reunir a amigos estudiantes. Al cabo de un año, reunieron 800 exalumnos de todas edades, maestros, principales y trabajadores, para celebrar el plantel con otra cena, esta vez jubilosa y, como protesta, al frente de la escuela cerrada. Para entonces, los medios de comunicación seguían con interés el proyecto Fairhill y el evento público tuvo gran publicidad y un fuerte efecto sociopolítico negativo para el Sistema de Educación Pública del distrito. Importantemente, el lado humano del proyecto reunificó a los estudiantes, les ayudó a procesar el trauma colectivamente y dar cierre a la pérdida de la escuela. Del lado artístico, con permiso de la burocracia educacional, Pepón y los estudiantes lograron extraer de las escuelas cerradas el mobiliario y mil detalles que forman el ambiente de la obra “reFORM”. Sentidos textos, recordando o despidiéndose de la escuela, empapelan las paredes de la instalación, escritos por el grupo sobre papel rayado de libreta de escuela. La obra es un bello tributo a lo que puede lograr un colectivo unido de objetivo noble. Pepón permanece en comunicación con los estudiantes, muchos de los cuales se han convertido en jóvenes activistas en el campo de educación. 


La última obra de la exposición en el New Museum, “Convalecencia”, me dejó muda. A raíz de un diagnóstico y tratamiento de cáncer, Pepón se permitió, por primera vez, ser protagonista de su propia obra. Torna su ojo clínico sobre sí mismo, enfocándose sobre su oscuro y gran cuerpo desnudo, crucificado de pies a cabeza con instrumentos médicos de sanación: agujas, monitores, agujas, lupas, agujas, bolsas de suero, agujas, transfusiones, agujas, tiras elásticas, agujas, vendajes, agujas… 


Confrontar la horripilante figura fue una experiencia compleja: tristeza infinita por mi querido amigo, para mí siempre símbolo de vitalidad; terror por los malos recuerdos que me trajo de una experiencia similar; amor y admiración por la paciencia, humildad, y sumisión pasiva que se requiere para ser “paciente”. Su cara fue mi mayor foco de esperanza. Su expresión tranquila, suave, calma, tierna, me asegura que sobrevivirá esta dura prueba.


“Convalecencia” es una pieza que Pepón Osorio realizó a raíz de un diagnóstico y tratamiento de cáncer. (Fotos: Cortesía del New Museum / Dario Lasagni)


Con típico humor Pepatiano, el artista nos distrae con toques cínicos y humorosos: carrito de vender piragua o chicharrones convertido en dispensario médico; miles de potes, botellas, botellitas, jarabes, jarritas, botellones, y potecitos de cristal de todos los colores y tamaños imaginables, llenos de las carísimas medicinas que nos dan esperanza y a veces dan resultados. La triste figura del paciente está parada sobre una butaca con cubierta chillona, demasiado alegre. Del tope del bastón donde se apoya la enorme figura, vuelan bombas metálicas coloridas con buenos deseos escritos en inglés, que el paciente tal vez entiende.


A pesar de esas distracciones, no hay duda quién centra y domina la situación: Pepón, artista “quien lo da todo” en su arte y en su vida. Con la figura del paciente, Pepón cierra el círculo y vuelve a encontrarse con su “Corazón latiente” del principio de la muestra. 


Qué lindo saber que en un mundo duro y complicado, el gran corazón latiente de Pepón Osorio late por ti, late por mí, late por todos nosotros.

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