La poesía en la obra de José Rosa
- Arcadio Díaz Quiñones

- hace 22 horas
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Arcadio Díaz Quiñones comparte en este escrito parte de la poética que rigió el trabajo de José Rosa

Lo que me maravilla siempre es la perfecta lucidez del artista José Rosa, su conciencia de los cuerpos y del habla, su voluntad de poner a plena luz el placer y el deseo; su lealtad a sus orígenes en las clases populares puertorriqueñas y a los saberes que se transmiten oralmente.
Hemos aprendido tanto de nuestros artistas gráficos, de Rafael Tufiño, Lorenzo Homar, José Alicea, de Antonio Torres Martinó, de Carlos Raquel Rivera, de Myrna Báez y Consuelo Gotay, de Nelson Sambolín, Antonio Martorell, Luis Alonso y de Rafael Rivera Rosa. Lo peculiar de José Rosa es cómo supo hacer visible y audible nuestra habla, ayudándonos a pensar qué hacen las palabras. En su arte vemos todas las marcas de la oralidad. Creó una poética con sus ritmos, el doble sentido, su humor, su melodía. Como dijo Marta Traba, fue uno de esos artistas que crearon sus propias vanguardias. En su obra oímos voces: la sabiduría y el humor de los refranes, la educación sentimental del bolero. Vemos también la coexistencia de la soledad y la sociabilidad.
“Lo peculiar de José Rosa es cómo supo hacer visible y audible nuestra habla, ayudándonos a pensar qué hacen las palabras. En su arte vemos todas las marcas de la oralidad. Creó una poética con sus ritmos, el doble sentido, su humor, su melodía. Como dijo Marta Traba, fue uno de esos artistas que crearon sus propias vanguardias” – Arcadio Díaz Quiñones.
Lo mismo en sus santitos, que nos han acompañado en nuestra casa. Lo pensó de forma brillante José Luis González en su ensayo sobre Plebeyismo y arte en el Puerto Rico de hoy. En el documental de Sonia Fritz tenemos la suerte de ver y escuchar a José. Ahí él mismo se refiere a los fantasmas que lo acechaban. Y en el gran cartel de su exposición de 1977 va insertando gozosamente citas de La guaracha del Macho Camacho de Luis Rafael Sánchez, que se había publicado un año antes. Cuando acepté el reto de preparar la edición Cátedra de La guaracha del Macho Camacho, hace ya 25 años, no dudé en pedirle autorización a José para usar ese cartel serigráfico como portada, que generosamente otorgó. La mirada y la escucha de José Rosa han sido para mí una permanente fuente de inspiración.
Sobre el autor: Arcadio Díaz Quiñones estudió en la Universidad de Puerto Rico, Río Piedras, donde fue profesor durante más de doce años. Se doctoró en la Universidad Central de Madrid. Enseñó en la Universidad de Washington en Seattle, en la de Princeton —de la cual es Profesor Emérito— y en Hostos Community College, en Nueva York. Fue miembro del Centro de Estudios de la Realidad Puertorriqueña (CEREP) y de la Junta de la revista Sin Nombre. Presidió, a principios de los años 1970, la Asociación Puertorriqueña de Profesores Universitarios (APPU). Sus trabajos giran en torno a la historia cultural e intelectual: Conversación con José Luis González (1976); El almuerzo en la hierba: Lloréns Torres, Palés Matos, René Marqués (1982); y La memoria rota (1993). Preparó la edición de El prejuicio racial en Puerto Rico (1985), de Tomás Blanco. En el año 2000 publicó El arte de bregar. Tuvo a su cargo la edición Cátedra de La guaracha del Macho Camacho, de Luis Rafael Sánchez (2000). Su libro Sobre los principios: los intelectuales caribeños y la tradición fue publicado en la Argentina en el 2006. En el 2019, publicó las Once tesis sobre un crimen de 1899.































