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Una mirada íntima a la exposición María Luisa en el oeste: entre el ser y el sentir

La curadora emergente Janía Martínez profundiza en la vida y obra de la artista puertorriqueña, con cuyo nombre se rebautizó la Galería de Arte del Departamento de Humanidades del Recinto Universitario de Mayagüez


Retrato sin título de María Luisa Penna de Castillo. Creación anónima. Foto suministrada por la autora)
Retrato sin título de María Luisa Penne de Castillo. Creación anónima. (Foto suministrada por la autora)

Cuando estudiaba mi bachillerato en el Recinto Universitario de Mayagüez, hace una década, recuerdo haber recorrido mil veces los pasillos y el lobby del edificio Carlos E. Chardón. En el vestíbulo de ese edificio se encuentra una galería a la que coloquialmente le llamábamos “la galería de Chardón”. En ese espacio, que parecía cubrirse de las mismas paredes de gypsum board y las mismas losas desde que se fundó, presencié muchas aperturas de exposiciones de arte, hice varias amistades, participé de muchas tertulias y tuve mi primera oportunidad como curadora emergente. 


A pesar de haber vivido tantas experiencias enriquecedoras en este lugar, confieso que durante mis estudios subgraduados —en los que tomé clases de teoría, crítica e historia del arte, teorías críticas feministas, como también estudios de la mujer y el género— nunca había escuchado sobre la vida de la maestra María Luisa Penne de Castillo. Hasta que, entre conversaciones con mi amiga y colega Nicola M. Pecci Zegrí, supe sobre la investigación que ella realizaba junto a Joharis J. Ramos Abreu para la próxima exposición que daría apertura a la reinauguración de la galería. 


Como resultado de esa investigación, surgió María Luisa en el oeste: entre el ser y el sentir, que inauguró el 9 de octubre del 2025 y cerró el pasado mes de diciembre del mismo año, en la Galería de Arte del Departamento de Humanidades del Recinto Universitario de Mayagüez. 


La apertura de esta exposición, curada por Ramos Abreu y Pecci Zegrí —ambas egresadas del recinto—, dio inicio a la reinauguración y al renombramiento de dicha galería con el nombre de María Luisa Penne de Castillo. Tras un año de cierre, y luego de sesenta y seis años desde su fundación, se logró una remodelación total del espacio, gracias en gran parte a la labor de las profesoras Emilia Quiñones Otal, Melissa Ramos Borges y Claudia Torres Guillemard.


La muestra, un homenaje a la maestra, incluyó 23 obras, algunas nunca antes expuestas y otras que estuvieron ausentes por mucho tiempo. Ramos y Pecci presentaron estampas de la evolución artística de Penne de Castillo, trazaron una narrativa sobre su trayectoria como educadora y pionera en las artes en Puerto Rico rescatando e iluminando el legado de una mujer que alentó la descentralización de las artes en Puerto Rico. 


En la exposición, se mostraron algunas de las publicaciones dedicadas a María Luisa Penne de Castillo, entre ellas el libro Pioneras y transgresoras: mujeres en las artes en Puerto Rico, editado por Yamila Azize Vargas. (Foto suministrada por la autora)
En la exposición, se mostraron algunas de las publicaciones dedicadas a María Luisa Penne de Castillo, entre ellas el libro Pioneras y transgresoras: mujeres en las artes en Puerto Rico, editado por Yamila Azize Vargas. (Foto suministrada por la autora)

Un encuentro con María Luisa


Lo primero que me llamó la atención al entrar por las puertas de la galería fue un retrato en grafito de María Luisa. Aunque la obra no contiene título y su creación es anónima, de primera instancia nos invita a un encuentro íntimo con ella. El retrato recoge de manera muy sutil el pasar de sus años: su pelo ondulado, su collar de perlas y la suavidad de su piel. En la obra, María Luisa mira delicadamente a la derecha, dirigiéndonos a navegar la sala en esa dirección. Mientras observaba la obra, imaginaba que así mismo contemplaba sus obras cuando pintaba, o tal vez a sus estudiantes cuando enseñaba. Su presencia, desde el inicio de la exhibición, era como una invitación personal a descubrir su obra y su vida.


Antes de continuar el recorrido de la muestra, al mover la mirada, me cautivó un desnudo de una mujer ubicado al fondo de la sala. Inmediatamente, caminé por la galería directamente hacia ella. Se trataba de En el estudio, un óleo que María Luisa realizó en 1946. En la trayectoria de la artista, durante este periodo, se destacan varios desnudos femeninos y pinturas en óleo en la que hay una exploración corporal como una forma de autodescubrirse. De esta manera, María Luisa rompe con la misoginia detrás de the male gaze que siempre ha sexualizado y fetichizado les cuerpes femenines dentro de la historia del arte. La mujer de la obra se muestra ante nosotres con confianza, sentada cómodamente en un asiento. En el suelo, se encuentran sus calzados azules, dejándonos saber que se siente segura, aunque no nos dirige la mirada. Los distintos verdes de su asiento contraponen los blancos y cremas de su cuerpo, y a la vez, complementan su entorno rojo. A través del juego cromático de su paleta, María Luisa nos muestra su destreza del color mientras que su perspectiva nos convoca, simultáneamente, a acercarnos a la contemplación íntima desde la cautela. 


En el estudio (1947), obra de María Luisa Penne de Castillo. (Foto suministrada por la autora)
María Luisa Penne de Castillo, En el estudio (1947). (Foto suministrada por la autora)

Luego de admirar este desnudo, regresé al punto de inicio, percatándome de dos pinturas de bodegón. La primera, un óleo sin título de 1935 que retrata un pequeño racimo de plátanos puestos sobre un plato de cristal. Sin duda alguna, esta obra nos remite a los bodegones de Oller del siglo XIX, quien adapta la percepción de la luz del impresionismo europeo a la luminosidad caribeña. Esta técnica, María Luisa la  implementaría continuamente a lo largo de su carrera. La segunda, Bodegón (1947), es una acuarela sobre papel creada doce años después de la primera. Al comparar ambas obras, es evidente la evolución de su estilo e influencias, transitando de un impresionismo europeo a una estética relacionada al cubismo mezclada con tendencias abstractas. Asimismo, son vidente las distintas técnicas y composiciones que se diferencian en los dos bodegones. El primero contiene pinceladas cautelosas, premeditadas y una composición bien pensada. En esta obra, María Luisa, por medio de los colores cálidos, se acerca al realismo al capturar las luces y sombras de las materias orgánicas. Mientras que en Bodegón (1947) sus trazos se vuelven una exploración espontánea que juega con las aguadas sueltas, mayormente de colores fríos, y las líneas de contorno. 


María Luisa Penne de Castillo, Sin título (1935). (Foto suministrada por la autora)
María Luisa Penne de Castillo, Sin título (1935). (Foto suministrada por la autora)
María Luisa Penne de Castillo, Bodegón (1947). (Foto suministrada por la autora)
María Luisa Penne de Castillo, Bodegón (1947). (Foto suministrada por la autora)

María Luisa tenía una manera particular y sensible de percibir la naturaleza, la cotidianidad y su entorno. A través de las formas y el color, utilizaba una amplia diversidad de medios para expresar su mundo interior, como bien exponen las curadoras. Podemos apreciar esa sensibilidad y manera en que captura su realidad en tres piezas clave: la serie de planchas de grabado en plexiglás de 1989, la pintura Dibujo escultórico I (1975) y el óleo Paisaje (c. 1941). Estas obras tardías dan apertura a la exposición para subrayar que la experimentación artística de María Luisa fue una constante en su vida.


María Luisa Penne de Castillo, Sin título I (1989), plancha de grabado en plexiglás (acrílico) 16’ x 16’. Colección Francisco Castillo. (Foto suministrada por la autora)
María Luisa Penne de Castillo, Sin título I (1989), plancha de grabado en plexiglás (acrílico) 16’ x 16’. Colección Francisco Castillo. Abajo, foto de la serie de planchas de grabado en plexiglás de 1989. (Foto suministrada por la autora)
María Luisa Penne de Castillo, Sin título I (1989), plancha de grabado en plexiglás (acrílico) 16’ x 16’. Colección Francisco Castillo. (Foto suministrada por la autora)


Dichas piezas muestran cómo lo orgánico se convierte en tema y lenguaje visual. Con cada línea ondulada, fluida e irregular, María Luisa transforma las formas de los objetos. Su abstracción orgánica nos muestra las tendencias modernas que en algún momento la influyeron. No obstante, las curadoras destacan que estas funcionaron como una cualidad de expresión para retratar lo que ella percibía, y no necesariamente para inscribirla definitivamente en estos movimientos. Además, reafirman que su producción artística “no la restringía a ningún medio específico ni respondía a una estética pictórica puertorriqueña establecida ni convencional que reafirmara una conciencia cultural nacional”. Su trabajo como artista transdisciplinaria es evidente en las piezas seleccionadas para esta retrospectiva, que incluye la serigrafía, litografía, linografía, acuarela, el dibujo, el óleo y el grabado en acrílico.


 María Luisa Penne de Castillo, Dibujo Escultórico I (1975). (Foto suministrada por la autora)
 María Luisa Penne de Castillo, Dibujo Escultórico I  (1975). (Foto suministrada por la autora)

La última muestra retrospectiva de María Luisa fue la Exposición Retrospectiva: María Luisa Penne de Castillo (1998) curada por Ruben Alejandro Moreira en el Museo Casa Roig de la Universidad de Puerto Rico en Humacao. Desde entonces, han sido pocas las publicaciones, presentaciones y clases de arte que nombran y destacan su importante figura. Luego de casi tres décadas, la apertura de María Luisa en el oeste: entre el ser y el sentir (2025) es un momento célebre, no solamente para la historia de las artes del Recinto Universitario de Mayagüez, sino también para la historia del arte en Puerto Rico. Como bien destacan las curadoras en el opúsculo de la exposición, esta muestra es una “oda a una mujer artista de la región suroeste del archipiélago de Puerto Rico, que, a través de los años, ha sido acaparada por las neblinas del olvido en la memoria histórica del arte puertorriqueño moderno”. 


“Este fallo sistemático hacia las mujeres artistas ha privado a María Luisa Penne de Castillo de visibilidad merecida, lo cual afecta la narrativas y divulgación de una historia plena del arte… Su voz y presencia resuenan con fuerza al reconsiderar las figuras pilares que han sido invisibilizadas, pero que han moldeado nuestra comprensión y expresión en el arte puertorriqueño”, afirman Nicola M. Pecci Zegrí y Joharis J. Ramos Abreu.


(Foto suministrada por la autora)

El legado de María Luisa Penne de Castillo


María Luisa Penne Rullán (de Castillo) nació en el pueblo de Ponce en 1913. Fue la primera puertorriqueña en graduarse del Pratt Institute de Nueva York, en la década del treinta, según recoge Yamila Azize Vargas en el libro Pioneras y transgresoras: mujeres en las artes en Puerto Rico (2021). En 1936, regresó a Puerto Rico e inmediatamente organizó su primera exposición individual en el Hotel Meliá de su pueblo natal. Fundó y dirigió la Academia Penne, una de las primeras academias de arte dirigida por una mujer en Puerto Rico durante el siglo XX. Aunque la academia sobreviviría poco tiempo, marcó el inicio de la docencia de María Luisa, un compromiso que ella asumiría con mucho entusiasmo a lo largo de su vida, como bien explica Yamila Azize Vargas. 


Durante el periodo de 1937-1939, Penne de Castillo cursó su bachillerato en educación en la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras y, simultáneamente, trabajó como profesora del Departamento de Economía Doméstica. Luego, fue profesora del Departamento de Bellas Artes de la misma institución y formó parte del Comité de la Semana del Arte Portorriqueño. Al cumplir sus 27 años, María Luisa ya había acumulado diversas experiencias académicas y profesionales como artista y educadora.


María Luisa Penne de Castillo, Carreras y Bueyes (1952), acuarela y tinta, 19 6/8’ x 25’. Colección Francisco Castillo. (Foto suministrada por la autora) 
María Luisa Penne de Castillo, Carreras y Bueyes (1952), acuarela y tinta, 19 6/8’ x 25’. Colección Francisco Castillo. (Foto suministrada por la autora) 


Su legado en el oeste


Aunque el metrocentrismo en Puerto Rico suele presentar a los centros urbanos fuera de San Juan como espacios aislados de la cultura y del arte, esta narrativa se desmorona ante la evidencia histórica de las regiones sur y oeste, que, no solo han sido espacios de participación, sino que también han sido generadores fundamentales del pensamiento intelectual, los movimientos artísticos, y las prácticas humanísticas que han nutrido y desafiado constantemente el canon cultural-artístico. La historiadora de arte Melissa Ramos Borges, en un fragmento de su disertación doctoral Omisión o censura: una revisión de la vanguardia artística en Puerto Rico, 1960-1970 (2019), resalta que “los artículos, textos y exposiciones sobre el arte en Puerto Rico, han excluido en su mayoría, a las instituciones que promovían la plástica local en los distintos municipios de la isla”. Además, hace una historiografía cronológica de los espacios artísticos en Puerto Rico desde el siglo XIX hasta 1960 en la que contextualiza el florecimiento de las escenas del arte, especialmente en la zona suroeste. El surgimiento de museos y salas de exhibición fuera de la zona metropolitana contribuyó a descentralizar la producción artística y apoyar artistas de otras regiones a mediados del siglo XX.

En 1912, se funda en el pueblo de San Germán el Instituto Politécnico de Puerto Rico en donde se incorpora como docente María Luisa Penne de Castillo a partir de 1940. Gracias a un sabático que le otorgó dicha institución, continuó sus grados de maestría en el Chicago Art Institute y cursos doctorales en Columbia University. Durante sus años en Chicago (1945-1947), se enriqueció de la presencia de destacados artistas, entre ellos, László Moholy-Nagy y Ludwig Mies van der Rohe, de la vanguardia alemana y fundadores del Nuevo Bauhaus en esta ciudad. Como profesores, promovieron una visión del arte abarcadora, interdisciplinaria e integradora de diversos medios y disciplinas que incluían la arquitectura, el diseño, los textiles, la construcción con aplicación y artes aplicadas. Esto alimentaría la pasión de María Luisa por la experimentación y multiplicidad de medios, que aplicaría en su arte y enseñanza. 


Al regresar a Puerto Rico, María Luisa se dio a la tarea de desarrollar el currículo del bachillerato en artes de la Politécnica en San Germán donde trabaja como profesora por 21 años. En 1948, lleva a cabo su segunda exposición individual, Pinturas y artes aplicadas, celebrada en la Sala de Exposiciones de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras. La enseñanza fue para María Luisa una labor extendida de su obra artística. En 1961, la artista llegó al Colegio de Agricultura y Artes Mecánicas (CAAM), hoy día el Recinto Universitario de Mayagüez. Su presencia en el recinto fue indispensable, fundando el Taller de Bellas Artes y Artes Gráficas que luego se transformaría en el Programa de Bellas Artes, el cual dirigió desde 1969 hasta su jubilación en 1980. Desde entonces, el programa se dedicó a formar artistes y profesionales que se dedicarían a las distintas disciplinas como el diseño, la costura y la teoría e historia del arte. Cabe destacar que es, precisamente, la visión de María Luisa la que impulsará la producción de artistes en la región oeste. Con su llegada a la facultad, junto a otres profesores como Julio Plaza y Regina Silveira, el programa de Artes Plásticas del RUM se convirtió en el epicentro de la vanguardia a finales de la década de los sesenta y principios de los setenta, según Ramos Borges.  


“Su trabajo como artista transdisciplinaria es evidente en las piezas seleccionadas para esta retrospectiva que incluye la serigrafía, litografía, linografía, acuarela, el dibujo, el óleo y el grabado en acrílico” – Janía A. Martínez

Para María Luisa, el taller era un espacio investigativo propio, lleno de práctica y experimentación. Tanto así, que sus métodos de enseñanza en la formación de dibujo continúan siendo practicados actualmente por les estudiantes de arte del Colegio. Entre estos, la práctica de observación en los espacios públicos que consiste en realizar un dibujo que muestre la comprensión del método de sombreado de cross-hatching. Por consiguiente, es una figura significativa en el oeste del archipiélago, no solo por establecer el primer plan de estudios formales para las artes en dicha zona, sino también por desarrollar una identidad artística regional que “trasciende la hegemonía metropolitana” y que inspiró una generación de artistas que marcaron tendencias influyentes dentro del arte moderno puertorriqueño. Entre los y las artistas que formó y que continuaron su legado en la contemporaneidad se destacan Noemí Ruíz, Jorge Roselló, Rafael Rivera García, Susana Herrero y Anaida Hernández. 


María Luisa no solo se destacó por su maestría en la enseñanza, sino que simultáneamente, se mantuvo activa en la producción y exhibición de sus obras artísticas. Entre los años 1961 a 1976, tuvo cuatro muestras individuales y participó de cuatro exposiciones colectivas dentro del mismo recinto. Como maestra y mujer adelantada a su tiempo, no solo se dedicó a su docencia con compromiso y corazón, sino que también soñaba con el futuro de sus estudiantes. El profesor de arte Luis E. Bacó Rodríguez, tras la apertura del Museo de Arte (MUSA) en 2016, compartió que “María Luisa Penne de Castillo (Mrs. Castillo, como le llamaban los estudiantes) fue mucho más que una profesora de arte (principalmente de dibujo y pintura) y una artista de primer orden. Su dedicación, cariño y amor por el arte y su ‘sueño’ de crear un Museo de Bellas Artes para el Colegio siempre se mantuvo vivo…”. El legado artístico y académico de Mrs. Castillo, hoy revive con la apertura de la Galería María Luisa Penne de Castillo.



Sobre la autora: Janía A. Martínez es gestora cultural y curadora emergente del oeste de Puerto Rico. Cuenta con un bachillerato en Artes Plásticas de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Mayagüez, donde actualmente es estudiante de maestría en Estudios Culturales y Humanísticos. Sus intereses abarcan múltiples disciplinas como la historia, la música, la espiritualidad y el arte afrocaribeño y afrodiaspórico. Aspira a continuar desarrollando dichos intereses a través de proyectos investigativos, culturales y curatoriales desde los espacios autogestionados y comunitarios.

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