El universo de José Rosa
- Sonia Fritz

- hace 22 horas
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La cineasta Sonia Fritz recuerda cómo fue trabajar con el maestro puertorriqueño durante la filmación del documental El universo de José Rosa

En septiembre de 2003, abrió la exhibición José Rosa, de botellas y otros pecaditos en el Museo de las Américas en Ballajá, diseñada y montada por la crítica de arte Margarita Fernández Zavala y acompañada por un ensayo de la escritora Magali García Ramis. Había trabajado anteriormente con Margarita en el documental Puerto Rico arte e identidad y también la había entrevistado para el documental Myrna Báez, los espejos del silencio. Su marido, Dennis Simonpietri, es coleccionista de la obra de José Rosa y otros artistas puertorriqueños y lo conocía desde 1989. Para entonces había realizado otros documentales de artistas: Un retrato de Carlos Collazo, en 1995, y Bernardo Hogan, artista del torno. Por lo tanto, el día que recibo una llamada de Dennis invitándome a hacer un documental sobre José Rosa para aprovechar la exhibición, enseguida le dije que sí y que me gustaría conocer personalmente a José Rosa, quien aceptó y nos reunimos para definir el contenido del proyecto.
Admiraba la obra de José Rosa por su originalidad, por su identidad tan clara, por su independentismo; un artista que solo podía ser de Puerto Rico. Al conversar, me llamó la atención la rapidez con la que articulaba su pensamiento y su verbo, que era como una cascada de palabras. Hablaba tan rápido que, por momentos, sentía que perdía parte del contenido. No me cupo duda de que era un personaje muy creativo, intenso e interesante. Juntos planificamos los temas del documental y el plan de trabajo, así como su disposición para lograr la filmación con poco presupuesto; o sea, en tres días de filmación.

“Admiraba la obra de José Rosa por su originalidad, por su identidad tan clara, por su independentismo; un artista que solo podía ser de Puerto Rico. Al conversar, me llamó la atención la rapidez con la que articulaba su pensamiento y su verbo, que era como una cascada de palabras. Hablaba tan rápido que, por momentos, sentía que perdía parte del contenido. No me cupo duda de que era un personaje muy creativo, intenso e interesante” - Sonia Fritz
Una de las escenas más importantes para mí era recrear las conversaciones que tenían regularmente en La Cubanita en el Viejo San Juan, donde con José se reunían Rafael Tufiño —quien había sido su maestro—, Toni Maldonado —otro grabador importante de la década del cincuenta—, Luis Alonso —también grabador— y Vanessa Droz, como poeta e interlocutora del grupo. José demuestra en esa escena su agudeza, su sentido del humor, su admiración por el maestro Tufiño y su personalidad tan jocosa, a la vez que cuenta la anécdota de la primera vez que vio a Tufiño y comenzó a aprender con él sobre grabado. Me pareció en ese momento que esa secuencia podía utilizarla como hilo conductor del documental y complementarla con una entrevista al propio artista frente a cámara en el Museo de las Américas.
Además, sumamos una secuencia de José Rosa trabajando un grabado aplicando pintura a un tamiz. Posteriormente, lo vemos entrar a su propia exhibición, que tenía una entrada que reproducía sus grabados y letras para sentar el tono y ambiente de la sala. Por supuesto que la vida en el bar —representada en las botellas y otros pecaditos— se veía en muchos de los cuadros de mujeres y hombres compartiendo en barras o bares del Viejo San Juan, a veces llevando máscaras, otras desnudos y José siempre incluyéndose a sí mismo como uno de los personajes del cuadro: su cara alargada, su bigote. No hay duda de que se implica en las escenas que pinta.
Otra secuencia que quise incluir —porque refleja la religiosidad popular— es la de los santitos, ya que son unos grabados muy originales. Rosa concibió una serie de distintos santos que —como él nos cuenta— habían bajado del santoral y eso fue motivo para que él reaccionara a su manera incluyendo refranes y dichos populares; un santo o santa en cada imagen, rodeados en los cuatro costados por letras que se añaden al nombre del santo, como “San Negrón, Negro pero santo y bueno, Santo negro pero decente, Negro pero con vergüenza”; o su “San-tón, todo un señor Don Santo” o “Santa Cló”, “San Turci”, “San Hot dog”, “San-wichi”, etcétera.
Poco sabía cuando filmamos entonces que 22 años después del estreno del documental, José Rosa dejaría este plano. Por suerte, su presencia en pantalla fue parte de un merecido homenaje que nos permite que nuevas generaciones puedan conocerlo, ver su personalidad, su intensidad e inteligencia y su inmensa creatividad.
Sobre la autora: Sonia Fritz estudió Comunicación en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de donde es oriunda, y tiene un máster en Artes Visuales de Vermont College. Su primer documental como directora fue Yalaltecas, producido por el Colectivo Cine Mujer. De bandas, vidas y otros sones ganó un Ariel en 1985. Ese año se muda a Puerto Rico y trabaja como profesora en la Universidad del Sagrado Corazón (USC), de la cual es profesora emérita. Dirige, paralelamente, más de cuarenta documentales y cuatro películas de ficción sobre los temas que le apasionan: género, migración, cultura y naturaleza. América, basada en la novela de Esmeralda Santiago, viajó a festivales del mundo en países como Turquía, Marruecos, Guadalajara, Montreal y Estados Unidos. Los documentales Mona, tesoro del Caribe y 15 faros de Puerto Rico se estrenaron en Fine Arts y fueron seleccionados para varios festivales. Después de que se fueron las lanchas, producido por CUNY TV, ganó el Emmy a mejor documental en español en 2024. En 2025 realizó los documentales Defendamos el Escambrón y Queremos un Río Piedras sano y verde, no a la canalización. En 2026 estrena El coquí, de los taínos al cambio climático.































